Cuando viajamos hacemos inevitable la visita por todos los museos o los edificios más emblemáticos de la ciudad. Eso es porque queremos aprovechar al máximo el viaje. De lo que no nos habían alertado es que tanto empache de belleza puede desencadenar el Síndrome de Stendhal.

También conocido como el mal del viajero, la enfermedad está considerada como un trastorno psicosomático que se debe al cúmulo de horas que una persona ha estado expuesta a numerosas obras de arte. Esta experiencia desarrolla en ciertos individuos una sobredosis de belleza artística.

Sin embargo, el síndrome no se debe a la belleza del objeto en sí, sino a la persona que lo observa. Para que esto ocurra, el perfil debe ser el de un viajero extremadamente sensible que admira de manera excesiva la obra, además de dotarle de multitud de interpretaciones y valoraciones particulares.

Lo que debe sentir la persona es una sensación de desasosiego que, en función del sujeto, va acompañada de mareos, euforia, ansiedad, alucinaciones, taquicardia o agotamiento, entre otras patologías.

Florencia peca en exceso de belleza

La primera persona que habló sobre este síndrome fue el escritor francés Stendhal, quien sufrió estos síntomas en un viaje a Florencia. En un libro que publicó más adelante describía la sensación de la siguiente forma: “Había llegado a ese grado de emoción en el que se tropiezan las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme”.

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Así el trastorno también ha tomado el nombre de Síndrome de Florencia. Tampoco es de extrañar ya que está considerada una de las ciudades más bonitas del mundo por gozar de edificios como la Basílica de la Santa Cruz, la Cúpula de Brunelleschi o Baptisterio de San Juan. Sin olvidar obras como ‘David’,  ‘La Venus de Urbino’ o ‘La Puerta del Paraíso’

Desde entonces, distintos profesionales y expertos de la psicología se han aventurado a hablar sobre esta compleja experiencia. Existe un dilema sobre si se trata de un mito o de una realidad. Pero eso es algo que solo la persona que lo perciba podrá descubrir. Y tú, ¿disfrutas las obras de arte o el exceso no te lo permite?

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