El pasado 27 de enero, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, emitió una orden ejecutiva en la que prohibía la entrada en el país americano de personas de siete países (Irán, Irak, Siria, Libia, Yemen, Somalia y Sudán) que podían representar, según rezaba el propio decreto, “alto riesgo en materia de terrorismo”.

Las críticas y el caos llevado a los aeropuertos estadounidenses no llevaron a modificar los términos del veto migratorio, pero sí lo hizo una orden judicial emitida una semana después que ordenaba la suspensión del documento al considerarlo ilegal.

Ayer, Donald Trump emitió una nueva orden en este sentido aunque con algunas sensibles diferencias que buscan esta vez el beneplácito judicial.

Entre los cambios destacables está el plazo de diez días que el presidente ha dado de plazo desde su emisión hasta su puesta en marcha. Un periodo que permitirá a las autoridades conocer exactamente cómo se aplica el plan y llevarlo a cabo, aunque entra en conflicto con las palabras del propio presidente, que en enero justificó la inmediatez del decreto alegando que si daba una semana de plazo a “los malos”, estos entrarían en el país durante ese tiempo.

Otra de las modificaciones más sensibles es la exclusión de Irak de los países incluidos en el veto, aunque este sí se mantiene durante 90 días para los otros seis territorios. Además, la orden no se aplicará a aquellos residentes de EEUU, a los ciudadanos con doble nacionalidad ni a los que gocen de un visado de entrada en el país emitido antes del 27 de enero (fecha de presentación de la anterior orden).

Trump ha querido asimismo alejarse de lo que muchos consideraban que era un veto a la religión musulmana. Por ello ha eliminado el permiso de entrada a aquellos miembros de los países vetados que pertenecieran a una “minoría religiosa”, consiguiendo con ello que la orden no parezca dirigida directamente a los musulmanes.

En materia de refugiados, el jefe de Estado americano prohíbe la expedición de nuevos visados para refugiados durante 120 días y reduce la cifra de acogida de EEUU desde los 110.000 refugiados previstos inicialmente a 50.000. Asimismo, Trump elimina la prohibición de recibir refugiados sirios en un plazo de tiempo indefinido, reduciéndolo a los 120 días que aplica a los otros cinco países.

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