Este domingo Francia decide quién se queda al frente del Palacio del Elíseo durante los próximos cinco años: la candidata del Frente Nacional, Marine Le Pen, o el líder del movimiento ¡En Marcha!, Emmanuel Macron. El sistema de segunda vuelta francés obliga a elegir entre estos dos candidatos, que fueron los más votados en la primera vuelta del pasado domingo, 23 de abril.

El terremoto político que viven los países occidentales en los últimos años ha provocado que el extremista Frente Nacional y un partido sin apenas base e infraestructura como ¡En Marcha! lleguen, como mínimo, a las puertas del Elíseo, y que el partido Francia Insumisa, radical de izquierda, de Jean-Luc Mélenchon se haya quedado a un escaso margen de entrar en esta última fase del proceso electoral.

Tradicionalmente, los candidatos que han sido derrotados en la primera llamada a las urnas dan una consigna de voto a sus electores para orientarles de cara a esta segunda vuelta. Esto solía suceder, tradicionalmente.

Ya sea por propia conciencia de voto o por estrategia política de cara a las legislativas de este mes de junio, Mélenchon, que en 2002 pidió el voto para el conservador Jacques Chirac para evitar que Jean Marie Le Pen (padre de la actual candidata del FN) llegara al Elíseo, no se ha posicionado de cara a estos comicios.

Aunque el líder de ‘los insumisos’ ha reconocido que no votará por Le Pen, no ha pedido de manera explícita a sus seguidores que apoyen a Macron, sino que deja la puerta abierta para una posible abstención o al voto en blanco.

Sin embargo, esta ambigüedad y ciertos puntos en común entre el Frente Nacional y Francia Insumisa (euroescepticismo o el proteccionismo de los servicios públicos) han suscitado análisis que hablan de un posible trasvase parcial de votos entre ambos partidos, algo que también está buscando aprovechar Le Pen, con mensajes directos al electorado de Mélenchon.

Bloque republicano

Una ambigüedad que no ha sido compartida por el resto de formaciones. Los líderes de las otras fuerzas con amplia representatividad y algunas de las principales caras visibles de la política francesa, independientemente de su ideología de origen, han reclamado el apoyo a Macron.

Quizás el caso más sorprendente fue el de Manuel Valls, el más reciente primer ministro francés, que dijo que votaría por el candidato de ¡En Marcha! ya incluso en la primera vuelta, en lugar de al representante de su partido de origen, el socialista Benoît Hamon, que aún estaba en liza.

Un Hamon que, al igual que el líder de los republicanos, François Fillon, reclamó expresamente el voto para Macron. “Tenemos que estar a la altura de las circunstancias y hay que votar por Macron, aunque no sea izquierda, porque hay que frenar al Frente Nacional”, sostuvo el representante socialista.

Una llamada a la que también ha acudido el actual jefe de Estado francés, François Hollande, que llamó a votar a ¡En Marcha! en defensa de la República Francesa y del proyecto europeo compartido por los galos.

Este bloque republicano es el que podría alejar a Marine Le Pen del Elíseo, en una votación que se anticipa en los sondeos con ventaja para Emmanuel Macron. Una baza a favor para el centrista: las encuestas, tan criticadas por sus errores en sus últimos años, acertaron con precisión casi quirúrgica el resultado de la primera vuelta en las presidenciales francesas.

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