Inmersos en una época en la que palabras y expresiones tales como Real food, veganismo o cocina fusión están cada vez más en uso y alimentos como los smoothies, bowlings, pokes están alcanzando su máximo auge, nos encontramos con que la dieta mediterránea ha sido, por tercer año consecutivo, elegida como la mejor a nivel mundial. Así lo indica un ranking elaborado por U.S News&World Report, organización que ofrece rankings y asesoramiento al consumidor sobre las mejores dietas alimentarias.
Según este estudio, realizado por un total de 25 expertos, dietistas y médicos especialistas de diferentes países, se demuestra que la dieta mediterránea cumple con los requisitos que una alimentación saludable debe tener. Y es que estamos ante una dieta asequible, variada, nutritiva, y, sobre todo, muy placentera.
La dieta mediterránea se basa fundamentalmente en la reducción del consumo de carnes rojas, el consumo moderado de pescados, huevos, azúcar y grasas saturadas al mismo tiempo que se incluye un consumo abundante de vegetales, y el aceite de oliva como grasa principal en las comidas.
Los beneficios de esta también están avalados por el ensayo clínico Predimen (Prevencion con Dieta Mediterránea), codirigido por un catedrático de la Universidad de Navarra y financiado por el Instituto de Salud Carlos III. Los resultados, obtenidos a partir de una muestra de 10.000 personas, demostraron que la dieta mediterránea tiene un efecto positivo a la hora de prevenir las enfermedades cardiovasculares y resulta la más idónea para las personas con diabetes. El estudio concluye que, gracias a esta dieta, disminuyen significativamente las posibilidades de padecer un ictus o enfermedades arteriales en un 30%.
Las nuevas tendencias en alimentación, no son capaces de desbancar a una dieta basada en dos mil años de historia. Pero su atractivo, no radica únicamente en los productos y su consumo, sino en la historia detrás de lo que, a partir de 1975, comenzó a llamarse dieta mediterránea. “La dieta mediterránea es un motor de la historia, de economía, de política. Permitió el dialogo entre tres continentes, con alimentos que procedían del Líbano, con mezclas de las culturas del Egeo, etruscas, romanas… Es una dieta fruto de la evolución, de un gran parlamento alimentario”, afirma el divulgador italiano Alberto Angela, del Centro de Investigaciones Sociales sobre la Dieta Mediterránea (MedEatResearch). Una dieta avalada por siglos de historia que, sin embargo, no comenzó a ser objeto de estudio hasta que, en 1975, la pareja de científicos estadounidenses Ancel Keys y Margaret Haney, no recalaron en las diferencias existentes entre los hábitos de consumo de la población estadounidenses y de la cuenca del Mediterráneo, concretamente, el sur de Italia; dándose cuenta de los altos niveles de colesterol que tenían los norteamericanos en comparación con una población con menores recursos económicos.
Todas estas razones han llevado a la UNESCO a declarar la dieta mediterránea como patrimonio inmaterial mundial en 2013, siendo una candidatura que comparten y defienden Chipre, Croacia, Italia, Grecia, Marruecos, Portugal y, por supuesto, España.

Aquí podrás ampliar la información. 

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